HistoriaEventual[1]: Peregrinas Clandestinas [I]

Voy a romper con los moldes: voy a alejarme de la típica historia de amor imposible (mítica en la literatura gótica), y no rozaré el relato de misterio y pesadumbre existencial al que estamos acostumbrados a encontrar por la red.

La historia que encuentras a continuación no consta de ningún elemento que se le escape a la razón, e irá creciendo con el tiempo. Con ello quiero decir que en esta entrada publicaré los tres primeros capítulos; el resto ni siquiera están escritos aún. Y simulando las entregas por fascículos de los periódicos de antaño y de hoy, avanzará según me sugiera la inspiración.

Todos los fragmentos en: HistoriaEventual[1]
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I.
¿Un neceser se puede considerar una maleta? Lo sea o no, son mis únicas pertenencias ahora; además de un libro, un MP4, una radio de bolsillo y mi peluche. Apenas me quedé con los calcetines.  Ingresé tan de repente que esto fue lo único que me dio a tiempo a decidir, y por cierto, lo hice fatal; me está sobrando la toalla, ¿en qué hora opté por los de sport?
La nueva normativa en sanidad obliga a los pacientes a morir de aburrimiento durante su estancia en el centro médico, es decir, que prohíbe a los familiares a permanecer más tiempo que el estimado para las visitas. ¿Y qué hago yo? Pues tal y como pinta la cosa, y visto que la cama que veo al lado de la mía está completamente vacía, mucho me temo que convertirme en una pelusa de biblioteca es la alternativa más atractiva que se me ocurre mientras espero a que lleguen los horarios de las comidas. Está claro que entre la soledad, el olor a desinfectante, la falta de sal y azúcar de las dietas hospitalarias, y el buen humor al que nos tiene acostumbrado el personal médico… si al terminar el tratamiento no me remiten a la planta de psiquiatría, me replantearé el mirar la vida con otros ojos. Mientras tanto, supongo que leeré y escucharé música hasta quedarme ciega y sorda ¡Olalá; viva mi plan!



II.
Han pasado tres horas y media desde que cambié la ropa que los mortales se ponen para tapar sus cuerpos desnudos, siempre de su talla, con los botones enteros, sin rendijas indiscretas que te dejen en ridículo ante el resto de seres con sus prendas también dignas, y sin unos pantalones con cuyo dobladillo poder hacerse una bolsa de viaje; tres horas y media… ¡tres horas y media! ¡¡¡Tres horas y media, y aún no se ha dignado ni una sola enfermera a pasarse por la habitación en la que me han reclutado y aislado del resto del mundo, y en la que me obligan a permanecer y a padecer el aburrimiento más infinito del universo!!! Todo este tiempo me ha dado para pensar que quizá, como me informaron de que ingresaría con un margen temporal de solo un día, pues quizá se equivocaron, y realmente no tendría que estar aquí.
Tal vez no se han pasado ni una sola vez por la 513-C porque esta habitación tendría que estar vacía ahora, y… y…


…¿Sabes lo que eso significa? Si en la 513-C no hay registrado ningún ingreso, conlleva que nadie en la planta, o quizá en todo el centro, sepa que estoy aquí. Si ni siquiera sospechan de que hay alguien en esta cama, tampoco habrá asignado ningún menú insípido e incomible. Y lo peor de todo, si a los celadores no les consta que entre las cuatro paredes blanco roto de la habitación doble en la que, según la cordura que permanece intacta por el envenenamiento de la soledad antiséptica de la atmósfera que llevo respirando durante ya casi cuatro horas… ¡no llamarán a mi familia para las visitas, ni cuando me ponga peor! ¡Ni siquiera cuando determinen qué van a hacer para curarme! ¡Hast…


…Un momento. Gracias a que dejé la puerta abierta cuando llegué, he podido ver a una chica morena que ha pasado por delante y, si no he escuchado mal, me parece que la han asignado la 513-C. También ha llegado sola.




III.
Se llama Margarita, aparentemente es de mi edad y mide más o menos como yo.
Apenas había entrado en la habitación de los horrores -sí, así he decidido llamarla; se lo ha ganado a pulso- cuando se me ha quedado mirando, me ha sonreído y me ha alertado, con humor, que si vamos a ser compañeras de habitación ya me podía ir preparando, que la chica hablaba por los codos. No he podido reprimir una sonrisa –la primera en toda la mañana de reclutamiento-, y me he presentado como “La mártir de la 513-C, tu nueva e insulsa acompañante en las horas de soledad antiséptica.”; y sólo tenía dos opciones claras: o quedaba como una imbécil que se había intoxicado con la atmósfera protectora del envoltorio al vacío del cepillo de dientes que estaba en el cuarto de baño, o las dieciséis palabras estúpidamente enlazadas daban lugar a nuestra primera conversación.
Hubo suerte; estuvimos hablando hasta que los médicos llegaron para la que sería nuestra primera visita rutinaria de control.
La intervención del Dr. Ramos y la Dra. Salmanta apenas duró veinte minutos, y por primera vez desde que entré en mi querida habitación de los horrores, prefería que se hubiesen ido, que me hubiesen dejado sola con Marga, en el silencio que solo nosotras teníamos derecho a romper.
Tras ella, volvimos a quedarnos solas.



IV.
(Próximamente)


-DT-

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