- ¿Te vas así? - En su gesto la melancolía, la incomprensión. Él no pronuncia palabra alguna. - ¿Sin más?
- Tú no eres ella. - Le da un beso en la mejilla, frío y distante, sobreactuado, aunque sin mostrar el más mínimo ápice de sentimiento. Como si el único corazón que latía en aquel momento fuese el de ella.
Él retrocedió, apartándose dos pasos; y ella, perpleja, congelada, con la mirada perdida en su cara, no movió un músculo mientras veía cómo se alejaba sin remedio. Sus ojos anunciaban sal.
- Tú no eres ella. - Le da un beso en la mejilla, frío y distante, sobreactuado, aunque sin mostrar el más mínimo ápice de sentimiento. Como si el único corazón que latía en aquel momento fuese el de ella.
Él retrocedió, apartándose dos pasos; y ella, perpleja, congelada, con la mirada perdida en su cara, no movió un músculo mientras veía cómo se alejaba sin remedio. Sus ojos anunciaban sal.
-DT-
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