Un instante de silencio,
un sutil movimiento
y conocía tu inocente presencia;
quizá insignificante,
para otros despreciable;
solo yo testigo de tu felicidad muda,
de tu tacto suave;
tus ojos azabache…
La oscuridad de la noche,
su confesora al trasnochar,
observándole,
hasta que su rueda dejó de girar…
-DT-
No hay comentarios:
Publicar un comentario