La historia que encuentras a continuación no consta de ningún elemento que se le escape a la razón, e irá creciendo con el tiempo. Con ello quiero decir que en esta entrada publicaré los tres primeros capítulos; el resto ni siquiera están escritos aún. Y simulando las entregas por fascículos de los periódicos de antaño y de hoy, avanzará según me sugiera la inspiración.
Todos los fragmentos en: HistoriaEventual[1]
Todos los fragmentos en: HistoriaEventual[1]
__________________________________________________________________________
I.
¿Un neceser
se puede considerar una maleta? Lo sea o no, son mis únicas pertenencias ahora;
además de un libro, un MP4, una radio de bolsillo y mi peluche. Apenas me quedé
con los calcetines. Ingresé tan de
repente que esto fue lo único que me dio a tiempo a decidir, y por cierto, lo
hice fatal; me está sobrando la toalla, ¿en qué hora opté por los de sport?
La nueva
normativa en sanidad obliga a los pacientes a morir de aburrimiento durante su
estancia en el centro médico, es decir, que prohíbe a los familiares a
permanecer más tiempo que el estimado para las visitas. ¿Y qué hago yo? Pues
tal y como pinta la cosa, y visto que la cama que veo al lado de la mía está
completamente vacía, mucho me temo que convertirme en una pelusa de biblioteca
es la alternativa más atractiva que se me ocurre mientras espero a que lleguen
los horarios de las comidas. Está claro que entre la soledad, el olor a
desinfectante, la falta de sal y azúcar de las dietas hospitalarias, y el buen
humor al que nos tiene acostumbrado el personal médico… si al terminar el
tratamiento no me remiten a la planta de psiquiatría, me replantearé el mirar
la vida con otros ojos. Mientras tanto, supongo que leeré y escucharé música
hasta quedarme ciega y sorda ¡Olalá; viva mi plan!
II.
Han pasado tres
horas y media desde que cambié la ropa que los mortales se ponen para tapar sus
cuerpos desnudos, siempre de su talla, con los botones enteros, sin rendijas
indiscretas que te dejen en ridículo ante el resto de seres con sus prendas
también dignas, y sin unos pantalones
con cuyo dobladillo poder hacerse una bolsa de viaje; tres horas y media… ¡tres
horas y media! ¡¡¡Tres horas y media, y aún no se ha dignado ni una sola
enfermera a pasarse por la habitación en la que me han reclutado y aislado del
resto del mundo, y en la que me obligan a permanecer y a padecer el
aburrimiento más infinito del universo!!! Todo este tiempo me ha dado para pensar
que quizá, como me informaron de que ingresaría con un margen temporal de solo
un día, pues quizá se equivocaron, y realmente no tendría que estar aquí.
Tal vez no
se han pasado ni una sola vez por la 513-C porque esta habitación tendría que
estar vacía ahora, y… y…
…¿Sabes lo
que eso significa? Si en la 513-C no hay registrado ningún ingreso, conlleva
que nadie en la planta, o quizá en todo el centro, sepa que estoy aquí. Si ni
siquiera sospechan de que hay alguien en esta cama, tampoco habrá asignado
ningún menú insípido e incomible. Y lo peor de todo, si a los celadores no les
consta que entre las cuatro paredes blanco roto de la habitación doble en la
que, según la cordura que permanece intacta por el envenenamiento de la soledad
antiséptica de la atmósfera que llevo respirando durante ya casi cuatro horas…
¡no llamarán a mi familia para las visitas, ni cuando me ponga peor! ¡Ni siquiera
cuando determinen qué van a hacer para curarme! ¡Hast…
…Un momento.
Gracias a que dejé la puerta abierta cuando llegué, he podido ver a una chica
morena que ha pasado por delante y, si no he escuchado mal, me parece que la
han asignado la 513-C. También ha llegado sola.
III.
Se llama Margarita,
aparentemente es de mi edad y mide más o menos como yo.
Apenas había
entrado en la habitación de los horrores -sí,
así he decidido llamarla; se lo ha ganado a pulso- cuando se me ha quedado
mirando, me ha sonreído y me ha alertado, con humor, que si vamos a ser
compañeras de habitación ya me podía ir preparando, que la chica hablaba por
los codos. No he podido reprimir una sonrisa –la primera en toda la mañana de
reclutamiento-, y me he presentado como “La mártir de la 513-C, tu nueva e
insulsa acompañante en las horas de soledad antiséptica.”; y sólo tenía dos
opciones claras: o quedaba como una imbécil que se había intoxicado con la
atmósfera protectora del envoltorio al vacío del cepillo de dientes que estaba en
el cuarto de baño, o las dieciséis palabras estúpidamente enlazadas daban lugar
a nuestra primera conversación.
Hubo suerte;
estuvimos hablando hasta que los médicos llegaron para la que sería nuestra
primera visita rutinaria de control.
La
intervención del Dr. Ramos y la Dra. Salmanta apenas duró veinte minutos, y por
primera vez desde que entré en mi querida habitación
de los horrores, prefería que se hubiesen ido, que me hubiesen dejado sola
con Marga, en el silencio que solo nosotras teníamos derecho a romper.
Tras ella,
volvimos a quedarnos solas.
IV.
(Próximamente)
-DT-
(Próximamente)
-DT-
No hay comentarios:
Publicar un comentario