IMAGEN CON FRASE: Vomita, fracasada


DESVARIACIÓN: Amaneces en otra posición.

No sé cómo voy a hacerlo. No sé qué pasará en unas horas, y tampoco qué ocurrirá en unos día, ni en unos minutos.
¿El camino? No sé cuál ha de tomar. Elija el que elija, lo dejaré a medias, y volveré al fango del que salí inicialmente. Da igual. Y es cierto. Llevo así desde hace un año, y no sé, de nuevo, qué puedo hacer para solucionarlo.
No hay más que vomitonas; vomitonas de confusión, de ira y de impotencia, de ignorancia y de falta de esencia, de sentido.
Si avanzo: retrocedo. Si me quedo donde estoy: me torturo con las hipótesis del "éxito"; del falso éxito.

- Sonríe, niña. ¿Es que no quieres jugar con los demás?
- No, señor. Ya no sé jugar. No recuerdo cómo se hace.
- Eso no está bien. Eres una pequeña niña traviesa; no te conformaste con ser "así", sino que te rebelaste contra ti misma. Y eso está mal.
- Ya lo sé. Lo hice mal, señor.
- No te lamentes, niña.
- Lo siento, señor. No lo volveré a hacer.
- ¿Puedes prometerlo?
- No.
- Así me gusta.

Puedo pasar una semana cumpliendo lo que yo misma me he prometido, pero al cabo de este tiempo vuelvo a fallar en mi propósito. Entonces lloro, lloro sin soltar una lágrima, sin que nadie me vea. Pero no me siento bien con ello. Entonces, sigo llorando.

- Esa sangre no es mía. Se lo prometo.
- ¿De quién es, maldita?
- Yo no lo sé. Aunque no es mía.
- ¿Había sangre cuando tú llegaste? Responde. Mírame a los ojos. No. Mira toda esa sangre. Mírala y respira su olor.
- No estaba. Yo llegué. Sola.
- No me has respondido.
- Lo siento, señor.
- ¿Qué sientes? Mientes.
- Yo no miento, señor... Yo no quiero mentirle. Yo sé qué ha pasado. Yo lo sé.
- Si te castigan, yo estaré delante mientras lloras. Sentiré tu sangre brotar, resbalando por mi piel.
- Por favor, señor... Yo.
- ¿Tú qué? ¿Eres una mentirosa? Eso ya lo sé. Eso lo supe cuando tus ojos me lo dijeron.
- Lo siento, señor.
- No te disculpes. Ya estabas castigada.

Es tan confuso como meter la cabeza bajo las sábanas, despertando en los pies a la mañana siguiente. Desorientada. Si has tenido una pesadilla te concentras en no recordarla, confías en que desaparezca de tu mente. Pero esto no es así, por mucho que quieras que se vaya. Que te deje en paz. Despertando cada mañana en el lugar donde cerraste los ojos antes de dormir.

-DT-