POEMA: Impotencia de sociedad

(1er. premio concurso literario -2º E.S.O)
______________________________________________________________________

Es la generación del alcohol y las drogas
¿Quién me operará cuando mi corazón decida fallar?
Neuronas muertas por indiferencia,
actúan sin pensar en las consecuencias.
Futuros pilotos aeronaúticos;
dejaremos nuestras vidas en sus templorosas manos.
¿Es este el futuro que queremos?
No servirán ni para barrenderos.
Cerebros desechos por noches de juerga:
cocaína, eroína y litro de cerveza.
La madurez tarde llegó a sus vidas,
la responsabilidad la definen como ”paridas”.
No tienen una meta que alcanzar,
muchos en alcohólicos anóminos terminarán
Y quien menos suerte haya tenido
familiares y amigos llorarán cuando lo hallen fallecido.
Cada día es un nuevo ejemplo más
de gente desperdiciando tiempo y vida por chulear.
La situación es tal, que emigrango me veo en unos años
para poder trabajar.
No quiero hacerme la idea
de caer enferma en un futuro,
ya que un ser impotente
no sabrá emplear sus tiempos de estudios
por el hecho de intentar encajar, de hacerse el chulo.
En un aula un alumno sale a la pizarra,
un fuerte aroma desprende su ropa a Marihuana,
es incapaz de resolver el sencillo problema con lógica:
sus neuronas se hallan sin forma.

-DT-

RELATO(?): El rallo de luna (actividad)

Estaba en 3er. curso de secundaria cuando, como actividad de la asignatura de Lengua y Literatura, tuve que poner final a un fragmento de la pieza literaria El rallo de luna. Lo creía perdido, pero rebuscando entre mis archivos de texto, por azar, lo encontré. Y dice así:


...O quizás una señal, ilusión materializada; amor. Motivo por el que no perder la esperanza, por el que reservar su lujuria y sentimiento a un corazón palpitante; expectante. Un alma decidido a entregarse hasta la descomposición de un sueño.

Cerrando los ojos pudo verla, era ella, la materia y belleza perfecta; el amor en carne y hueso.
La magia provocó el desconocimiento de su razón, permitiéndole volar e imaginar. Pronto, en el río próximo al sueño, percibió la alegría y ahínco necesario para seguir, abrir los ojos y dejarse llevar.

Arrodillado, a orillas del caudal, imaginación o realidad, incomprensión e incredulidad. Alzando las manos, e inconsciente pero tenaz, pudo divisar en el agua la versión material del entusiasmo y la frustración que le abrió las puertas de la locura. Y un segundo después, casi instintivamente, se vio sumergido, e inocente, en el llanto torrencial del bosque que le hizo desquiciar.

RELATO: Papeles arrugados

(2º premio concurso literario 3º E.S.O)
_____________________________________________________________________________

Nublado. Cada minuto de su vida estaba acompañado de nubes cargadas de desprecio y sal.
Se prometía a él mismo un nuevo día. Sin presión, preocupaciones añadidas, ni ganas de abandonar.

La paz finalizaba al cruzar el límite situado entre la calle y la jaula de salvajes a la que había sido estinado. Sin gente conocida, apoyo, ni compañerismo; la única muestra existente estaba estancada en las pandillas. Todos las temían, y él, tuvo que toparse con ellos en el misma aula.

Sonó el timbre de entrada. Con él, decayeron sus esperanzas de progreso.

Papeles, amenazas e insultos. Acompañados de empujones, zancadillas aleatorias e interminables bromas ridículas.

La vuelta a casa siempre tenía que verse interrumpida por los pandilleros del aula. Ni la velocidad a las puertas del centro podía hacer que se librara de llegar a casa empapado de agua o con algún nuevo moratón.

El trimestre no había hecho más que empezar, pero para él había pasado toda una eternidad. 
Creía no poder soportarlo más.

Un nuevo día comenzaba. Nuevas nubes, mismo reto. Esta vez, ya no pretendía conseguir 
nada, no quería nada. Solo pasar desapercibido. No llamar la atención de aquellos que no querían llamarla. Quizá sí, pero solo por cumplir expediente y correr, lo antes posible, a su casa.

Apenas quedaba una hora para que comenzaran las clases y aún seguía en casa, frente al espejo. Veía reflejada la sombra de lo que antes fue humano. El miedo continuo le había convertido en un pequeño cuerpo esquelético y pálido. Con grandes ojeras y rostro seco. Lo único que parecía no haber cambiado era su pelo: largo y negro. Los escalones que tapaban un cuarto de su frente y una fina trenza en su nuca. Era todo lo mantenido hasta ahora. Pronto, todo acabaría.

Respirando hondo y permaneciendo aún frente al espejo, sacó una fría navaja que llevaba desde que, para él, salir a la calle se convirtió en una constante amenaza. Abrió el pequeño arma, y acabando con todo mechón que colgase por debajo de las perforadas orejas, casi metálicas. Hizo aparecer a alguien nuevo. Desde su punto de vista, sólo haría falta una pequeña modificación más en su anatomía: los piercings.

Descolgando uno por uno, sus ojos comenzaron a emocionarse, no parecía importarle. Estaba dispuesto a sacrificar todo con tal de que la pesadilla finalizase.

Los recogió todos, serían unos quince en total. Los depositó en una caja al final de su armario.

Último objetivo: su armario. Aquel que tanto daño le ha provocado. No solo por las prendas que éste contenía. Sino por la injusticia con la que le habían tratado por no amar a su opuesto.

Giró las llaves y observó, por última vez, su oscuro contenido. Le dolía, algunas de esas prendas tenían un gran valor sentimental para él, lo que producía una mayor sensación de culpabilidad. Aunque, si esto acabaría con los maltratos y dejaciones, estaba seguro de hacerlo.

Buscó algunas de las cajas que su hermano poseía en el dormitorio, y, aplanando bien la base de éstas, comenzó a sacar ropa del armario y a introducirla en ellas.

Todo estaba listo. La única y última revisión que tenía que ejecutar era la de la habitación en conjunto: posters, discos, pertenencias que nunca más volverían a volver la luz. Todas, murieron entre recuerdos dentro de una caja. Posteriormente, todas, serían llevadas al sótano, donde permanecerían hasta que, sus padres, rotos por la desolación, la encontraran.

Sólo quedaba media hora para la llamada del timbre que tantas veces le había hecho temer por su destino en las horas próximas.

Últimos preparativos. Ropa, llaves, mochila… y la nota. Cuyo destino sería marcar la consciencia de aquellos culpables e inocentes. Palabras que harían sonar sirenas y levantar escándalo. Nada a lo grande, pero memorable.

Cogió una camiseta, chaqueta y pantalones usados que su hermano apenas utilizaba. Reposó la mochila en uno de sus hombros y se calzó. Ya quedaba menos.

Mientras caminaba, se preguntaba qué sería de él en los próximos años. Su futuro en otra vida.

Se detuvo a las puertas del centro, estaba plenamente dispuesto a terminar, de una vez por todas, con el infierno en el que se había convertido su vida.

Una vez dentro, el conserje recogió su recado con destino al director y remitente anónimo. Solo se mostraban unas iniciales y el curso al que pertenecían.

Cuando se disponía a abandonar el recinto, nadie le preguntó si entraría en las aulas, pero no le dio mucha importancia. En el fondo, ese pequeño detalle le ayudaría a mantener el anonimato.

Caminó durante varias horas, hasta que sus pies pidieron parar. Al poco tiempo continuó su camino.

Cuando se encontraba en la zona alta de la ciudad, recordó una vieja chabola abandonada, asentada en un descampado apenas habitado. No se encontraba muy lejos de donde se encontraba.

Al llegar, mantuvo la puerta cerrada apoyando su mochila en la hoja de ésta. Entonces sacó una vieja pistola que perteneció a su padre. Creía que así, su familia estaría a salvo.

No derramó una sola lágrima mientras se encontraba allí comprobando que el arma estuviera cargada. Cuando se aseguró de ello, se asomó por una empañada e inestable ventada, custodiada por barrotes oxidados de metal, estaban retorcidos y ásperos. No había nadie al acecho. Se alegró de estar solo en aquel lugar. No quería ser molestado antes de tiempo. Necesitaba tiempo para que la nota, que no sería leída hasta dentro de un par de horas, iniciara el estado de alarma en el instituto. Sería entonces, cuando todos aquellos que han estado atemorizando, sentirán el miedo correr por sus venas.

Calculó la hora en la que el timbre de entrada sonaría. Esperó quince minutos de la hora prevista, y tomó posesión del arma nuevamente. Con pulso firme, la alzó de la grava que cubría el suelo, y, elevándola lentamente hacia la parte superior de su dorso, comenzó a memorar todas las risas vividas con su familia y, con aquellos que, en un lejano día afirmaron ser sus amigos. Con aquello, volvieron a su mente las persecuciones, palizas y todo tipo de torturas a las que, por no ser como todos querían, había tenido que soportar. Todas, sin poder haber sido confesadas.

Detuvo la pistola a la altura de la garganta, cerró los ojos, y fue entonces cuando empezaron a brotar lágrimas de dolor silenciado. Tomó aire e introdujo el pesado metal en su boca, pidiendo perdón a su familia mientras apretaba el gatillo.

“Me alegra que hayas tardado en leer esto. Cuando comience la búsqueda la sangre habrá interrumpido su recorrido. Con ella, también lo hará mi agonía, la cual he tenido que arrastrar durante años… Cesó.

P.D: Donde antes toca el sol llegará el sufrimiento silenciado día tras día. El tiempo pondrá a 
cada uno en su lugar.”


Tres días después encontraron el cuerpo del joven completamente desangrado. Aún se podía percibir el camino tomado por sus lágrimas, antes de decir adiós.

-DT-