CRÍTICA: Fiestas y delincuencia

Hoy, en el punto de mira se encuentra esa especie de “derecho” que se le otorga a la gente cuando la localidad donde se encuentra está en fiestas (carnavales, fiestas patronales, halloween, ferias ambulantes, etc.). Éste derecho eventual consiste en saltarse todas las reglas morales y humanas habidas y por haber, tales como: si tengo que ir al servicio me sirvo de un rincón o una esquina; si me termino las “Salchi-Papas” (sí, esas patatas fritas con salchicas que venden en las ferias en un cucurucho, y que se pinchan con un palo) pues tiro tanto el cono como el palo en alguna calle (que casualmente, SIEMPRE es la puerta de mi casa); lo mismo si se trata de una bebida o de la bomitona de turno; ¿qué pasa si son las tres de la mañana y me apagan las luces de la verbena? ¡pues que me voy a pintar los coches, rodearlos con una llave o todo tipo de pinturas y/o tintas permanentes, pinchar las ruedas, romper sus espejos laterales, las ventanillas o, mucho más divertido si cabe, todo lo anterior junto. Otra alternativa a las posesiones privadas que se encuentran estacionadas, son los contenedores y/o resto de mobiliario público encontrado a su paso; ¿por qué no se iba a quemar un contenedor de papel, además, si se encuentra pegado a una rastrojera (de la cual tendría que encargarse el ayuntamiento, pero eso lo dejo para otra entrada). O, ¿por qué nos íbamos a privar de tumbar las vallas de seguridad que separan la acera de la carretera, si eso, junto con unos cuantos de litros de alcohol en sangre, es lo más propio de unas fiestas patronales locales?

Con todo esto he llegado a la conclusión de que, ahora que nos encontramos en plenas fiestas patronales, yo también podría optar por ejercer mi “derecho” a hacer lo que me dicte la pequeña capulla que llevo dentro; si total, estamos en fiestas… ¿no?
Me ha llevado un poco de tiempo el decidir qué puedo hacer para demostrar que soy consciente de la fecha en la que se encuentra mi pueblo y… tras descartar algunas opciones (las cuales eran demasiado flojas para “estar en fiestas”), he elaborado la siguiente lista:

Me dedicaré a:

1º- Destrozar la entrepierna de una patada de todo individuo del sexo masculino que me encuentre a mi paso.

2º- Echar abajo los dientes de las mujeres y niñas con las cuales me cruce.

3º- ¿A los bebés? Les arranco el chupete, lo pisoteo y me voy tal cual.

4º- Y con los ancianos… mmmm… creo que bastará con una patada descarada en el bastón (y si se caen al suelo, mejor).

5º- ¿Qué le depara al mobiliario público? Será el mejor parado: pienso taponar el tubo de escape de las furgonetas verde botella; a las blancas solo romperé los cristales y firmaré con un entusiasmado “Que te den”. Y a los coches y motos pues… ¡ah sí! les pincho las ruedas, pintorrajeo un poco con rotuladores de varios colores y, también tumbaré a las motos sobre alguna deposición canina cercana.
Y creo que ya solo me quedan los contenedores, ¿no? Pues a éstos les toca lo más divertido: voy a vaciar todo su contenido y, una vez esparcido por el suelo, lo quemaré (tanto a él como lo que contenía).

Vale, sí, sé que ahora mismo estaréis pensando “Joder con esta tia, ¿por qué no se mete las manitas en el culo, además de estarse quieta y calladita?” Y te voy a responder: ¿Y por qué iba a hacerlo? Que conste, que no he dicho nada de los megáfonos esos tan divertidos y silenciosos que se pusieron de moda hace dos años o así; de ellos también puedo sacar bastante provecho ¡y diversión patronal! si me lo propusiera… Pero mejor no porque… no sé… despertar a todo el bloque de vecinos de las calles por las que pase cantando “¡¡¡¡¡Alcohol, alcohol… alcohol, alcohol, alcohol… Hemos venido a emborracharnos, y el resultado nos da igual…!!!!!” quizá es demasiado poco para demostrar lo implicada que estoy con las fiestas taurino-patronales de mi pueblo, y digo taurino-patronales porque aquí, excepto en toros, se escatima en todo. Pero oye, ¿qué más da? ¡Si estamos en fiestas!


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P.D: Deja un comentario con tu opinión si piensas que en tu localidad también otorgan un permiso especial para la desfachatez cuando son las fiestas.

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