Poema: Mi fruta más dulce

Un instante de silencio,
un sutil movimiento
y conocía tu inocente presencia;

quizá insignificante,
para otros despreciable;
solo yo testigo de tu felicidad muda,
de tu tacto suave;
tus ojos azabache…

La oscuridad de la noche,
su confesora al trasnochar,
observándole,

hasta que su rueda dejó de girar…

-DT-

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