HistoriaEventual[1]: Peregrinas Clandestinas [III]

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V.
Acabo de despertarme  y estoy sola en la habitación. Que yo recuerde, Marga no tenía ninguna prueba; los médicos nos dan las noticias, tanto buenas como malas, siempre delante de las dos, y recordaría si Marga tenía hoy alguna prueba diagnóstica o no. ¿Dónde se ha metido?
- ¿Marga? ¿Estás ahí? –He abierto ligeramente la puerta del servicio, pero no he obtenido respuesta alguna.
Me he dado un par de vueltas por el pasillo, pero las enfermeras no me han sabido decir dónde está. Creo que he causado un poco el pánico con mi pregunta, porque ahora no hacen más que acudir de un lado para el otro, por el pasillo, en su busca, pero tanto ellas como yo desconocemos dónde puede estar. Y encima, hoy el desayuno se retrasará: el ascensor de la planta se averió anoche, y no pueden subir los carros con las bandejas; todas a pie, una a una… ¿desnutrición? ¡Olalá!
Creo que me voy a meter en la cama hasta que una de las manos heladas del personal del comedor me despierten, causándome una hipotermia local en un brazo, … o en la pantorrilla; depende de dónde decidan zarandearme. Si me escuchase Concha, la jefa de enfermería, me diría con voz de madre (cariñosa, pero replicando) que siempre estoy igual, y que más vale que me centrase en el tratamiento; y yo la contestaría que prefiero fijarme en los pequeños detalles… aquellos que hacen que la estancia en la habitación de los horrores sea inolvidable, y agria. Aquí es cuando se reiría con una carcajada seca, como hace siempre, se daría media vuelta y me quedaría mirando la puerta entrecerrada, como la deja siempre, como una tonta durante unos segundos, hasta que me diese cuenta de que mantenía la sonrisa de niña boba que se me quedaba cada vez que oía su risa, y me desplomase en la cama, dejándome caer con la cabeza justo en la almohada, con los ojos cerrados y suspirando desazón.



VI.
Me he dormido. Desconozco quién ha cerrado los portones de láminas de las ventanas, pero la habitación está en penumbra.

No sé qué hora es, pero he encontrado a Marga; está en mi cama, tumbada junto a mí, dormida. Sus mejillas están marcadas por los surcos de las lágrimas.

-DT-

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